19.4.11

celebs

"Empezamos hablando de bailar en la barra de un bar y 4 años más tarde comparamos ansiolíticos,y luego dicen que no hemos madurado,JA!"
(una se lo dice a otra después de que una tercera anunciase que se casa)

4.4.11

cosas que pasan

Con los pies mojados, el moco colgando y un dolor de oídos horrible, le sigo esperando en mi portal. Lo lógico habría sido levantarme del suelo, pero hay un perro enorme que me mira desde hace 10 minutos y creo que si me levanto me va a morder.
Me recuerda una barvaridad al perro del capítulo de los Simpson, ese en el que Homer escribe un guión para,lo que ahora que somos tan modernos llamaríamos, el avatar de Mel Guibson. “El perro que acechaba”, o algo así. El perro que tengo enfrente no acecha,mira directamente, pero me recuerda, y... ¡ay!me estoy riéndo sola otra vez.

va de cosas violentas

Me violenta la gente que se dice te quiero a la semana de conocerse y me intimida la gente que sale contigo de marcha y te llama cariño cuando te ve después. A LA HOGUERA!

20.3.11

alegrando la vista


debería ser este el trailer original de "Pulp Fiction"
cada día soy más fan de estas cosas

18.3.11

Son cosas que si me haces,mueres


Hay muchas cosas que me gustan y pocas que me gustan de verdad,de verdad de verdad...de verdad de la buena,vamos. Pero también hay muchas cosas que no me gustan,pocas que me sacan realmente de quicio, y algunas que "si las haces,mueres"

1.no me gusta la leche, ni el queso,ni el yogur,no soy de lacteos
2.no me gusta que lean por encima de mi hombro, ni que me toquen la nariz
3.me saca de quicio que me digan cosas como "nena", "peque" o "gordi"
4.me saca de quicio que alguien haga ruido al masticar

pero lo que realmente odio es que me digan "ahora te llamo" y que nunca llamen,que me cuelguen el teléfono, enfadarme y que se rian como si yo estuviera loca...esas cosas

15.3.11

viva!



no se qué me gusta más:la canción,la voz o el hecho de que ella pegue latigazos con la melena...sea lo que sea me gusta,me gusta mucho.

para aquellos que los siguen comparando con Interpol...el cerumen se puede quitar.

a ser felices!

12.3.11

.

Para una vez que soy puntual y tiene que ser un 25 de Diciembre, sólo se me ocurre a mí. Son las nueve de la noche y aquí estamos nosotros: cinco abuelitas, ocho palomas y yo, los previsores. Dieciséis bancos y todos en el mismo, las palomas no, claro, bueno… hay una que me mira con cara de querer subirse.
Mirando a la mujer que está junto a mí me acuerdo de cuando nos íbamos en verano a pasar el día a San Sebastián con mi madre. Cinco niños, una sola maleta, imagínense el tamaño, una madre histérica y sólo cien pesetas para gastar en la tienda de gominolas de la entrada.
-¡Manuel! Dame muchas gominolas con cien pesetas, y que me sobre un poco para hacernos fotos en el fotomatón ese que no va (no ha ido nunca, ¿Por qué iba a funcionar ahora?)
-Venga, toma cinco regalices y corre.

Es una aventura esperar media hora en la estación. Jugar al escondite es la mayor diversión. A ver…pensemos… ¿dónde me escondo? La cafetería…no, siempre está vacía y me verían… en el baño…no, el baño me da miedo; siempre parece que va a aparecer algún hombre feo y harapiento con la cara gris y sin pelo y seguro, seguro que me hace algo malo…

Qué tarde es, no llega, no llega el autobús y me estoy empezando a poner nerviosa. Nerviosa. Nerviosa y asustada; estoy asustada porque una de las abuelitas ya no me parece tan entrañable. Huele un poco mal y me mira fijamente. No me gusta que la gente me mire fijo, me asusta. Como el gato de mi hermana. Siempre te está mirando y no sabes lo que piensa, sin embargo estoy segura de que ella es capaz de leer mi pensamiento. Y me da miedo. Esta viejita parece que me va a saltar encima y rajarme con un puñal, seguro que me salta encima y me destripa, a puñaladas, una tras otra, zas, zas, zas, yo aquí desangrada y sólo las palomas como testigo…

Al margen de lo mucho que me aburro estando aquí, pensemos por qué me da miedo. Si entras con ganas de ir al baño… ¡error! Nunca lo hagas, a saber cuándo lo han limpiado. Es gracioso, siempre salen mujeres con la fregona y casualmente siempre está sucio. Bueno, pues no voy al baño, compremos una revista. ¡Tampoco! Este kiosco siempre está cerrado, bueno, miento, hay que ser el más rápido para pillarlo abierto, creo que sólo lo abren veinte minutos al día.

Vale, ni baño ni kiosco, comamos algo. ¿Por qué hay una báscula en la estación?
Quizá la gente engorda en los trayectos largos y es una manera de controlar su peso… no sé, qué tontería. ¿Dónde está el maldito autobús? Nueve y media, y aquí no aparece nadie. Se va una de las viejas, pero no la que tiene cara de mala. Qué mala suerte. Me voy a ir. Le mando un mensaje y le digo que le espero en mi casa. Que me estoy poniendo nerviosa, que este sitio no me gusta.
Bueno, quizás hago un poco de tiempo. Es Navidad, por qué no pondrán adornitos por la estación. Podrían ponerlos en las doscientas maquinas de refrescos que nuca tienen cambios, o en la barandilla del balconcito este que en su día sirvió para poner paquetes en lo alto de los autobuses, en la carita de los hombres que te dan los billetes…

Decidido. Me marcho. Me levanto y me caigo. No he visto el escalón. Esos malditos escalones poco profundos, tan lisos y con tan poca distancia entre unos y otros que si no miras al suelo nunca los ves. No los ves y claro, te tropiezas y te caes. Las palomas han huido despavoridas, y la vieja vuelve a mirarme y se levanta. Torpe pero decididamente, hacia mi. Yo en el suelo sin poder levantarme y esa señora que se me acerca, poco a poco, ya casi está junto a mí…